Al menos a mi me pasa, y sé que no soy la única así que para los que lo olvidamos a llegado la hora de pensar.
Está un familiar o amigo enfermo y es como si por arte de magia la palabra Dios se introduce en nuestras cabezas. Pero hace cinco minutos antes no estaba tan latente, que decir la noche anterior o las semanas pasadas cuando nada nos aquejaba.
Es como si Dios estuviera para esos momentos como un gásfiter.
Cuando una llave no funciona, o sale aguas por todas partes, en lo primero que pensamos es en el gásfiter. Si, porque a diferencia de otros problemas caseros la cañerías y el agua son palabras mayores. No se comparan con un enchufe o una chapa mala que podemos hacernos cargo, o el hermano, el tío o el amigo del amigo.
Así es como veo yo lo que nos sucede con Dios. Cuando nuestros problemas pasan a palabras mayores donde no hay una solución alcanzable para nosotros recién ahí aparece Dios. Pero a diferencia del gásfiter, El está ahí todo el tiempo con nosotros. Ahí, quizá hasta esperando que algo se te escape de las manos para aparecer en tu mente otra vez.
Para no llamar especialmente al gásfiter todo el tiempo, debemos limpiar nuestra cañerías, destapar el escusado y el lavamanos. Para no llamar especialmente a Dios tenemos que limpiarnos nosotros, tenerlo ahí presente. Así si en algún momento lo necesitamos con urgencia, quizá no este tan lejos, quizá hasta solo necesitemos su compañía para arreglar nosotros mismo nuestras cañerías.
martes, 6 de julio de 2010
Suscribirse a:
Entradas (Atom)